Blog de José A. Maldonado

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Actualidad Continuamos con la evolución del clima (2ª parte)

Este post también se podría titular el clima en el alba de nuestra era.

Aunque los hallazgos arqueológicos nos demuestran que la Península estaba ya habitada hace al menos 1.000000 años, no es hasta el Paleolítico superior cuando el arte rupestre da testimonio de una brillante cultura en la que el hombre no es sólo diestro cazador sino también un gran artista.

El Paleolítico superior se inició hace unos 20.000 años, cuando la última edad glacial finalizaba el clima de la Tierra estaba condicionado por las capas de hielo que cubrían las regiones polares y subpolares y gran parte de las latitudes medias. En Europa la capa de hielo estaba situada entre los 60° y los 50° de latitud aunque de forma muy irregular, con muchos entrantes y salientes. Al sur de estas latitudes existían «islas de hielo», creadas por los sistemas montañosos que generaron sus propios glaciares. La más colosal era la de los Alpes, que quedaron cubiertos por una capa que cubría una superficie de 30.000 Km2.

Las consecuencias climáticas de la existencia de estas capas e islas de hielo, tanto a escala mundial como regional, fueron de gran envergadura. En la Península repercutió en un régimen de lluvias mucho más frecuentes y generalizadas de lo que son en nuestros tiempos y que sería el causante de esa gran diversidad climática. El modelo de la circulación general de la atmósfera se traduciría en que las borrascas atlánticas llegaban hasta latitudes por debajo de la Península.

Si dejamos lejos la última glaciación y nos situamos en las proximidades de la Era Cristiana, nos encontramos con la sequía que en el año 476 AC asoló el sudeste peninsular y la que en el 427 AC afectó largamente a toda la región mediterránea. Pero la noticia meteorológica más sensacional de estos siglos es sin duda la llamada «Gran Seca» que duró 26 años; del 224 al 198 AC, de la que dan cuenta Diodoro Sículo y otros historiadores añadiendo que produjo la ruina general de Hispania, con los consiguientes perjuicios y dificultades para los ejércitos romanos.

Episodio cálido romano (100 AC- 400 DC)

Existen evidencias de que en los tiempos de Plinio y en el siglo anterior se cultivaban las viñas y el olivo en Italia en zonas notablemente más al norte de lo que solía en siglos anteriores, lo que concuerda con la tendencia hacia una recuperación térmica, acompañada de una disminución en las precipitaciones, que se inicia en Europa hacia el año 100 AC, y que duraría aproximadamente hasta el 400 DC coincidiendo más o menos con la época romana, de ahí que se le designe como el «Episodio cálido romano». Durante el mismo, se observa cierto aumento en la frecuencia de veranos cálidos y secos, y la falta de inviernos extremados, aunque algunos fuesen bastante fríos. Esta recuperación térmica se manifestó también en un lento ascenso del nivel del mar que fue de aproximadamente un metro en tres siglos.

La Europa transpirenaica disfrutaba de un clima más suave como lo demuestra el gran desarrollo del cultivo de la viña en Alemania e Inglaterra, introducido por los romanos, hasta tal punto que hacia el 300 DC, Inglaterra no necesitaba importar vino.

Estas condiciones climáticas también se dejaron sentir particularmente en el Próximo Oriente por lo que el nacimiento de Jesucristo tuvo lugar en una época de las climáticamente más benignas de los últimos cinco mil años.

Episodio frío alto-medieval (400-1000)

A princios del siglo V se producen bruscas variaciones térmicas seguidas de un marcado período frío con un notable avance de los glaciares. El final de este episodio frío se produce en tiempos muy distintos según las regiones.

En la Península Ibérica tiene lugar alrededor del año 1000 y durante la fase transición entre ese periodo y el cálido subsiguiente, fueron muy frecuentes situaciones anticiclónicas invernales que en la Península propiciaron irrupciones de aire frío e importantes sequías.

Aquí lo dejamos por hoy para no hacer demasiado extenso el post.

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