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Lunes, 23 de enero, 2012
La extraña situación atmosférica que venimos padeciendo
Lo que sucedió en el pasado otoño y en lo que llevamos de invierno no se corresponde con lo que se entiende por normalidad climática pero sin embargo no supone un hecho tan extraordinario como para dar lugar a una especial preocupación. Sin duda, es mayor la anomalía en lo que respecta a las temperaturas diurnas que se vienen registrando puesto que son claramente más altas de las que figuran como valores medios en la mayor parte de los observatorios, porque sequías como la actual, aunque reconociendo, asimismo, que por fortuna no se dan todos los años, también es cierto que son relativamente frecuentes. Son muchas las veces que en España hay que hablar de resticciones en el suministro de agua porque los pantanos están muy bajos o las ocasiones en las que los agricultores viven angustiados porque si no les llega la lluvia de manera inmediata la cosecha se les va al traste o el abono que han esparcido será dinero perdido.
El clima, por su propia naturaleza, presenta fluctuaciones, es decir que, a veces, se aparta de lo que pudiera esperarse para determinadas épocas y lugares. Las causas se deben al comportamiento de los sistemas de presión que rigen la circulación atmosférica y que determinan que se sitúen en lugares habituales de latitud y longitud en las distintas épocas del año.
Sin embargo, la inmensa maquinaria atmosférica está constituida por un conjunto de gases que se rigen por las leyes de la física y se ve influida por numerosos factores entre los que se incluyen las corrientes oceánicas y las temperaturas de las aguas del mar que pueden ocasionar situaciones distintas de las normales al originarse perturbaciones externas a la atmósfera, con la que existe una interrelación. Cuando estas cesan se vuelve a las situaciones normales, o sea a las características propias de cada lugar que está constituida por los valores medios, que incluyen tanto las situaciones anómalas como las más propias y esperadas de cada estación.
Hay que tener en cuenta que (aunque también se están produciendo anomalías en otros lugares del Planeta) lo que está aconteciendo en España no es una situación global, porque en otras partes del Hemisferio Norte (donde ahora estamos en invierno) sí se están produciendo temperaturas muy bajas y grandes nevadas así como otros hechos que caracterizan al clima del lugar debido a que la circulación general en esas zonas se corresponde con la propia de la época.
Aunque todavía no llevamos más que un mes de invierno y no hay que descartar, ni mucho menos, que pueden presentarse situaciones del norte que deparen ambiente muy frío o borrascas que proporcionen importantes precipitaciones, el periodo transcurrido entre el comienzo del otoño y las postrimerías de enero pasará a la historia de la climatología, sin duda, como anómalo.
Pero vamos a hacer un supuesto. Pensemos por un momento que, en efecto, los próximos meses son lluviosos y de temperaturas propias de la estación invernal, dentro de un año, ¿serían muchas las personas que se acordarían de lo que viene aconteciendo últimamente? La experiencia me dice que no. Que sería pocas.
Por ejemplo, ¿recuerdan como fue el mes de enero de 2010? Han pasado solo dos años. Llovió de manera pertinaz (como ocurrió en febrero) de forma que de las 52 capitales de provincia (incluyo las dos ciudades autónomas), en 49 mereció el calificativo de “húmedo” o “muy húmedo” comparando las precipitaciones acumuladas con las consideradas como “normales” (valores medios).
Y hasta aquí mi opinión, que puede ser compartida o no. Digo esto a tenor de algún comentario en el que se apunta que nos guardamos información y eso no es así. Contamos lo que sabemos.

