Post Etiquetado ‘lluvia’
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Lunes, 8 de junio, 2009
La lluvia artificial
En 1946, varios científicos consiguieron, mediante la siembra de una nube con anhídrido carbónico sólido que se produjese lluvia. A partir de entonces, sobre todo durante los años cincuenta, se hicieron bastantes intentos de aplicación de este proceso, tanto por parte de instituciones públicas como privadas que veían en la consolidación del proyecto la posibilidad de un éxito sin precedentes. El interés creciente llegó a su apogeo en los primeros años de la década de los setenta, época en la que las distintas empresas comerciales les ofrecían a los gobiernos de los países que más necesitaban agua, la posibilidad de la siembra de nubes.
Estas siembras se llevaban a cabo bien desde aviones, como en el caso de la primera siembra positiva, o desde el suelo. Para esto se quemaba en unos hornillos apropiados carbón de coque impregnado de yoduro de plata o de yoduro potásico en situaciones atmosféricas idóneas de forma que las columnas de humo ascendiesen hasta penetrar en la nube, donde el yoduro de plata (o el potásico) al cristalizar forma pequeños núcleos de condensación a los que se adhieren las gotitas hasta formar gotas más gruesas capaces de precipitarse.
Fue entonces cuando la OMM (Organización Meteorológica Mundial) decidió tomar cartas en el asunto y se inició (año 1975) el Proyecto de Intensificación de la Precipitación (PIP), como un experimento internacional, en el que hubiese un planteamiento adecuado para obtener unos resultados fidedignos. Tras una serie de estudios para elegir el lugar en el que llevar a cabo las pruebas pertinentes, se eligió la cuenca del Duero, en las proximidades de Valladolid, donde se realizaron tres campañas (años 1979, 1980 y 1981) con la participación de distintos países, en los que desde aviones con instrumentos y radares meteorológicos se analizaban las nubes para determinar si eran capaces de responder a la siembra con yoduro de plata. Al mismo tiempo, había que observar si ese tipo de nubes, con potencial de siembra, se prodigaban en la zona.
Por supuesto, se extrajeron consecuencias positivas que fueron un paso más en este apasionante estudio, pero se llegó a la conclusión de que el grado de incertidumbre era elevado y el coste, asimismo, excesivo para la rentabilidad que se podía obtener por lo que no se debía acometer de inmediato un proyecto masivo de siembra de nubes y sí, por el contrario, se estimó conveniente continuar con las siembras exploratorias.
También se han hecho y se continúan haciendo considerables esfuerzos para convertir el devastador granizo en lluvia. El sistema empleado es similar al de la producción de ésta. Es decir, consiste en aumentar los núcleos de condensación existentes en una nube en la que puede haber granizo para que se formen numerosos y pequeños gránulos que se vayan fundiendo y convirtiendo en lluvia antes de llegar al suelo, en lugar de pocos y grandes que se precipiten como pedrisco, empleándose para ello esos quemadores que hemos citado. En este campo, sin que se pueda decir que se ha encontrado la solución definitiva al problema, se han alcanzado mejores resultados que en cuanto a la lluvia.
Lo que parece claro es que modificar el tiempo, compitiendo con las fuertes energías que prevalecen en la atmósfera, es una tarea, hoy por hoy, imposible excepto con carácter muy local, aunque siga habiendo empresas o entidades que pregonen lo contrario. La conclusión final a la que se puede llegar es que los primeros éxitos llevaron a un desmesurado optimismo que posteriormente disminuyó sensiblemente y que en la actualidad no existen criterios cuantitativos y objetivos para determinar dónde y qué clase de nubes deberían sembrarse para obtener, con garantías, resultados satisfactorios. Y aunque la intensificación de la precipitación o la supresión del granizo continúan siendo una potencialidad real aún queda mucho por investigar tanto en la física de la atmósfera como en los laboratorios.
Habrá que contar, además, cuando la tecnología permita superar las deficiencias actualmente existentes para llevar a cabo esas modificaciones parciales del tiempo, con problemas jurídicos que de hecho se han planteado en algunas ocasiones. Los beneficios que un aumento de precipitación puedan suponer para determinados cultivos pueden ser perjudiciales para los colindantes. Se pueden producir lo que se denomina efectos fuera de zona, robo de nubes u otras circunstancias (una vez más, es aplicable aquello de que nunca llueve a gusto de todos). Habrá que reglamentar, por tanto, cuidadosamente, las actividades que en este campo se realicen y en esa línea de colaboración para la elaboración de directrices deberán trabajar las comunidades internacionales.
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Martes, 16 de diciembre, 2008
Noviembre fue otoñal hasta que enseñó los dientes
Aunque los dos primeros días de la treintena fueron lluviosos en casi toda la Península y el tercero y el cuarto también lo fueron, aunque menos, en el Cantábrico y Galicia, después transcurrieron casi tres semanas con muy pocas precipitaciones. Únicamente en las regiones de la Cornisa Cantábrica llovió casi todos los días pero en forma débil y aislada.
En el aspecto termométrico fue un mes plenamente otoñal con unas temperaturas diurnas bastante bajas para aquellos valores a los que últimamente estábamos acostumbrados (en los últimos años nos “quejábamos” de que no hacía frío), si bien, hasta las postrimerías, las noches fueron “llevaderas” de forma que solo helaba en las montañas (esto permitía que la nieve caída anteriormente se mantuviera) y esporádicamente, pero nunca pudiéndose calificar de fuertes, en las llanuras del interior.
Fue a partir del 23 cuando la situación dio un giro radical y se tornó invernal. A partir de ese día y durante el resto del mes, es decir, a lo largo de su última semana, no solo se produjo un brusco descenso de las temperaturas sino que se intensificaron y generalizaron las precipitaciones, afectando, principalmente, a toda la mitad norte (no solo a las regiones cantábricas) donde se prodigaron las nevadas. En algunos puntos del sur también fueron, puntualmente, llamativas.
Sin duda, fue un mes de noviembre frío en el que si bien no se batió ningún record de temperaturas mínimas ningún día, si estuvieron por debajo de lo normal la media de las temperaturas máximas y de las temperaturas medias (entendiéndose por temperatura media la máxima más la mínima dividido por dos), dándose la circunstancia, en este último aspecto, de que en algunos puntos del sudeste sí se alcanzaron valores que nunca habían sido tan bajos desde que existe el observatorio.
Las noches más frías del mes fueron las del 26, 27 y 28 en las que, en alguna de ellas, se registraron mínimas de -7ºC en Salamanca y Soria, en las que también heló en lugares tampoco habituales como Oviedo o Reus y en las que los termómetros de los Pirineos y Sierra Nevada marcaron por debajo de los 15 grados bajo cero. En cuanto a lluvias, en estas últimas fechas, hay que resaltar que en Ceuta cayeron 102 l/m2 en la noche del 26 al 27 y el que en Melilla se recogió una cantidad algo inferior durante el día. A tenor de lo expuesto se puede afirmar que este año está más que justificado ese refrán que dice: “Noviembre abre la puerta del frio y cierra la del estío”.
Y cuando escribamos sobre diciembre (en los primeros días de cada mes haremos un resumen del anterior) tendremos que referirnos a un ambiente aún más gélido. Por cierto, la nueva estación, astronómicamente, comenzará el 21 próximo a las 13h 04m (hora solar, una más en la Península y Baleares). En ese momento tendrá lugar el solsticio de invierno.
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Miércoles, 26 de noviembre, 2008
Frío y nieve, alternando con lluvias
El pasado lunes penetró por el norte de la Península un masa aire polar (las masas de aire reciben el nombre de su lugar de procedencia) que nos ha traído consigo un brusco descenso de las temperaturas, especialmente en la mitad norte donde, además, ha nevado, incluso en cotas baja, y el viento, como bien saben, ha causado importantes destrozos.
Hay quien dice que la atmósfera, una vez más dio muestras de la “locura” de la que últimamente viene haciendo gala porque hemos pasado de un ambiente soleado y de bonanza térmica a otro con tintes invernales, pero mis años de experiencia no me permiten estar de acuerdo con esa opinión. Esos cambios bruscos en las condiciones que nos rodean se han producido siempre (otra cosa es que no nos acordemos) porque la atmósfera no da señales, más que a muy corto plazo, de que se aproxima una borrasca, un frente o una masa fría. Nos percatamos de su existencia cuando la tenemos encima. El avisar de su proximidad corresponde a los meteorólogos, unas veces con más aciertos que otras, y en esta ocasión se predijo con la debida antelación.
La presencia de un potente anticiclón en el Atlántico y una borrasca en Centroeuropa, que luego se ha ido desplazando hacia el sur, (ya saben que en el hemisferio norte los vientos giran en los anticiclones en el sentido de las agujas del reloj y en el contrario en las borrascas) favorecieron la llegada de vientos gélidos procedentes de latitudes muy altas (desde los Polos) hasta la Península Ibérica.
Entre el viernes y el sábado próximos la situación será más de poniente y, previsiblemente, un frente entrará por el noroeste e irá barriendo la Península dando origen a precipitaciones casi generalizadas, y en algunos casos fuertes, que serán de nieve en todos los sistemas montañosos y, al menos al principio, hasta que se suavicen algo las temperaturas, también puede nevar en zonas del centro y del sur en las que pocas veces lo hace.
Posteriormente, coincidiendo, con los comienzos de diciembre, si se cumple lo que ahora mismo reflejan los mapas previstos para esas fechas, tendremos otra irrupción de vientos fríos del norte por lo que habría que hablar de una nueva ola de frio. En definitiva, que aunque aun falten tres semanas para el cambió astronómico de estación, se puede decir que meteorológicamente el invierno ya ha llegado a la Península y a Baleares. En Canarias, aunque también bajen algo las temperaturas, el panorama será bien distinto. Por algo se les conoce como “Islas Afortunadas”.
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Martes, 25 de noviembre, 2008
Mejoras en eltiempo.es
- Temperaturas en España
- Predicción de nubes
- Predicción de lluvias
Quienes consultan habitualmente eltiempo.es ya se habrán percatado que, siguiendo nuestro lema de ofrecer cada vez un servicio mejor, hemos introducido cambios que consideramos que pueden ser de utilidad.
La pestaña de predicción nos da la posibilidad de tener el pronóstico para cuatro horas concretas de cada día, tanto en el mapa general de España como en el de cada uno de los mapas de provincia. Para ver los cambios, basta con hacer click en la hora que aparece al lado de “Hoy” en la barra de navegación, y seleccionar el tramo horario preferido.
Asimismo, se han introducido pestañas de “lluvia”, “nubes” y “temperatura” con las que se pueden obtener mapas coloreados de tres días, para ocho intervalos en cada uno de ellos, que reflejan de un vistazo, la situación general en España que, previsiblemente, presentarán dichos tres factores. Basta con deslizar el ratón sobre las horas, sin tener que hacer click, para ver una animación de cómo evolucionarán las nubes, la lluvia o la temperatura.Además, cuando las condiciones meteorológicas son especialmente adversas, mostramos en una nueva pestaña “avisos” meteorológicos, indicando, por ejemplo, si va a haber fuertes vientos, nevadas, marejadas, etc.
Eso, muchos de ustedes ya lo habrán utilizado, así que les pido disculpas por la reiteración, pero quizá sean bastantes las personas que visitan nuestra página que no han caído en la cuenta de que el número de localidades para las que se facilita el pronóstico se ha triplicado con creces. Ahora es posible obtenerlo, también para siete días, no solo de todas las localidades de España sino de otros miles y miles de lugares del mundo. Por ejemplo París, Londres o Santiago de Chile pero también de Lourdes, Milán o Viña del Mar que no son capitales de Estado. En fin, lo mejor será que ustedes mismos lo comprueben. -
Jueves, 20 de noviembre, 2008
Influencia de los factores meteorológicos en las cuevas
El pasado mes asistí al “2º Congreso Español de Cuevas Turísticas” (Cuevatur 2008, Cantabria), que se celebró en Santander. Probablemente ustedes se preguntarán qué pintaba un meteorólogo en un evento de ese tipo pero tiene su explicación. En las zonas en las que la lluvia es muy escasa no hay cuevas. Este meteoro es determinante para su formación y su conservación.
El agua que se infiltra en las grietas del terreno cálcico, fundamentalmente, o en las propias rocas por capilaridad produce lo que se denomina una karstificación que es el efecto mediante el cual va disolviendo el carbonato cálcico y origina pozos, galerías y simas, algunas de estas bastante profundas. En los Picos de Europa hay quince simas que alcanzan los 1500 metros y la más honda del mundo, encontrada hasta ahora, está en la República de Georgia, cuya profundidad es de 1800 metros. Es España hay en torno a 20000 cuevas de más de trescientos metros de longitud de las cuales casi la tercera parte, unas 9000, están en Cantabria. Asimismo, la disolución del carbonato cálcico, va haciendo que se formen, colgando del techo, en las paredes o en el suelo, estalactitas, estalacmitas, coladas, macarrones o excéntricas, también llamadas helictitas, abundando estas últimas en España en tres cuevas, la de Castañar de Ibor (Cáceres), Carranza (Vizcaya) y, sobre todo, en El Soplao (Cantabria), próxima a San Vicente de la Barquera, que es gran belleza (antiguamente fue una mina de plomo y de zinc) y que fue inaugurada el uno de julio de 2005 y en cuyo entorno se ha descubierto recientemente un importantísimo yacimiento de ámbar (resina fósil) en cuyo interior se pueden obervar insectos, como avispas, arañas o moscas, entre otros, perfectamente conservados (he tenido ocasión de verlos) que, según los geólogos que lo están estudiando, en un proyecto en colaboración con la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de Cantabria, vivieron en bosques costeros de hace 110 millones de años (recordemos que el hombre aparece hace menos de dos millones de años).
La humedad, la temperatura y el CO2 también juegan un papel fundamental en la conservación de las cuevas. En las épocas de sequía como, sin ir más lejos la que padecimos hasta final del pasado invierno, esas formaciones que hemos citado (estalactitas, etc.) se deterioran sensiblemente, perdiendo brillantez y tomando color amarillento que les resta gran parte de su belleza; por el contrario, cuando llueve, como sucede en el campo, recobran su esplendor y van creciendo. Así pues, si en el exterior de una determinada cueva dejase de llover durante años o si la temperatura o la humedad en su interior, que se mantienen constantes en las cuatro estaciones, se viesen considerablemente alteradas de forma continua, la cavidad se iría cubriendo de polvo hasta llegar a desaparecer. Se llega, por tanto, a la conclusión de que las cuevas que se encuentran en el interior de la tierra están condicionadas por los factores meteorlológicos.
Creo que después de lo que les acabo de contar comprenderán que mi interés por asistir al citado Congreso estaba justificado.







